02/12/2016

Tendinopatía del Aquiles

El tendón de Aquiles es el tendón común de los músculos de la pantorrilla (gemelos y sóleo) y se inserta en el calcáneo. Transmite la fuerza de estos músculos permitiendo la flexión del tobillo siendo fundamental para caminar y correr permitiendo el despegue del talón. El tendón de Aquiles es el tendón más grueso y resistente de nuestro organismo.

En ocasiones, el tendón de Aquiles, como cualquier otro tendón de nuestro cuerpo, puede lesionarse generando una tendinopatía o tenopatía. La misma es una causa frecuente de dolor en dicha región.

En muestras tomadas por biopsias de las tendinopatías del Aquiles, rara vez se observan fenómenos inflamatorios (“itis”) sino que lo que predominan son cambios de lesiones crónicas (“osis”). Estos hallazgos se han visto también en tendinopatías de otras localizaciones. Por ello, la tendencia es el abandono del término “tendinitis” y su sustitución por el de “tendinosis” que es más preciso.

Las tendinosis se producen por actividades repetitivas que sobrecargan crónicamente a los tendones. Éstas pueden ser correr, saltar o andar en bicicleta, siempre y cuando exista un desbalance entre la carga a la que es sometido el tendón y su capacidad de carga. Lógicamente, estos problemas pueden aparecer cuando una persona no entrenada comienza con un entrenamiento excesivo o cuando alguien que normalmente hace prácticas deportivas aumenta rápidamente su nivel de exigencia.

El diagnóstico se sospecha a través de la escucha de los síntomas y del examen físico. La ecografía y, en ocasiones, la resonancia magnética nuclear (RMI) pueden contribuir al diagnóstico.

Inicialmente el tratamiento conservador incluye el cese o la graduación de la actividad que ocasionó la sobrecarga tendinosa, la realización de ejercicios excéntricos (protocolo de Alfredson) y un plan analgésico con algún gel local y medicación vía oral. Entre los medios físicos pueden ser útiles el ultrasonido y el frío. El objetivo del tratamiento conservador es modular el dolor y favorecer, o al menos no entorpecer, la reparación natural del colágeno de los tendones dañados.

Si con estas medidas luego de un lapso de unos 45 días aproximadamente no obtenemos mejoría podemos valernos de las técnicas mínimamente invasivas que la Medicina Regenerativa Intervencionista nos ofrece: la Proloterapia o las inyecciones de Plasma Rico en Plaquetas (PRP). En el tendón de Aquiles estos procedimientos también pueden realizarse bajo guía ecográfica para una mayor precisión.

Las terapias regenerativas provocan en los tendones dañados un nuevo fenómeno inflamatorio controlado, con la reactivación del proceso natural de reparación de tejidos de nuestro organismo que contribuye a la resolución del problema. En manos de un profesional entrenado, estas técnicas de inyección pueden ser altamente eficaces.

Fuente: Ideas Médicas

"El tendón de Aquiles es el tendón más grueso y resistente de nuestro organismo."

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